Me estaba dividiendo

Hace unas semanas, sentí retirarme un poco. Necesitaba parar. Ordenar. Escuchar con más profundidad lo que estaba ocurriendo dentro de mí.

En ese proceso, tomé una decisión: sentí enfocar mi trabajo en acompañar a mujeres en momentos de transición. Y me puse a construir desde ahí.

Pero la vida tenía otra cosa preparada.

Durante esos días, empezaron a llegar personas de forma natural. Sin buscarlo. Sin estrategia.

Y algo me llamó profundamente la atención. Todos eran hombres.

Y no llegaban con algo superficial. Llegaban con historias intensas. Con el cuerpo hablando alto. Con la vida detenida en un punto que no sabían cómo atravesar.

  • Dolor físico.

  • Procesos de duelo.

  • Cuerpos inmovilizados.

  • Momentos en los que todo se había parado.

Y al escucharlos, lo vi claro. Me estaba dividiendo.

Estaba intentando encajar algo que, en realidad, no tiene una forma fija.

Porque el dolor, la confusión, los momentos en los que algo dentro se rompe… no tienen género.

Y el proceso de volver a uno mismo… tampoco.

Ahí entendí que esa idea de acompañar solo a mujeres había sido una construcción de mi mente. No una verdad.

Así que paré de nuevo. Observé. Ordené.

Y ese mismo movimiento fue el que me llevó a lo esencial. A lo que realmente es RAÍZ.

Un espacio para acompañar procesos de transición vital. Cuando algo en tu vida se rompe, se desordena o deja de tener sentido. Cuando sabes que no puedes seguir igual…pero tampoco sabes aún cómo hacerlo diferente.

No es un espacio para que alguien te diga qué hacer. Es un espacio para que puedas ver con claridad lo que está ocurriendo en ti y empezar a ordenarlo desde dentro.

Porque cuando eso sucede, algo cambia. Y ese cambio empieza a reflejarse fuera.

Si estás en un momento así, si hay algo dentro de ti empujando hacia un ser y estar diferente y al mismo tiempo aparece el miedo, la duda o la inseguridad… puedes escribirme.

Cuéntame en qué momento estás.

Siguiente
Siguiente

¿Cómo saber que has perdido tu eje?